
Las campanadas de “Time” coinciden con la llegada de la actriz Margaret Hamilton, y las cajas registradoras de “Money” marcan el paso de las imágenes en blanco y negro al technicolor. Una estrofa de “Brain damage” dice: “the lunatic is on the grass”, es entonces cuando el espantapájaros comienza a bailar.
Prácticamente todos los personajes interactúan con la música, el Hombre de Hojalata no iba a ser menos: al final de “Eclipse”, la buena de Dorothy ausculta el pecho del chatarrero a la vez que suenan los latidos de un corazón.
Mucha gente se preguntaba cómo era posible tanta sincronización, y se empezó a especular que este disco era una especie de “banda sonora” para la película. Pink Floyd tuvo que desmentirlo, era sólo pura coincidencia. Me pregunto si también es coincidencia el hecho de que este grupo fundara las bases del rock psicodélico, que en cosa de 10 años se convirtieran en uno de los grupos más influyentes de la histora, que “the dark side of the Moon” sea uno de los tres discos más vendidos, que una canción suya nunca suene igual, en fin, que sean Músicos.
Hasta aquí la anécdota de Pink Floyd, ahora la mía. Llevo desde Semana Santa intentando darle forma al post. Debo de dar las gracias a ese desconocido con quien estuve hablando el jueves por la noche del blog y que me dio un hilo conductor para la historia. Quizá tuvieras toda la razón, una anécdota vale más que mil palabras.
“The time is gone, the song is over
Thought I'd something more to say”
Pink Floyd, “ Time”

